No lo soporto, no lo soporto. Al menos hoy, es el último día que lo tengo que tener a mi lado. Me irrita su risa, me irrita su voz... Me molesta ese tapper verde feo en el que trae la comida. Siempre trae pescado y llena el micro-ondas de olor. Y no sólo el micro-ondas, toda la cocina apesta a filete de merluza. ¿Cómo puede ser que una persona coma por lo menos tres veces a la semana pescado?
No es normal, nada normal. ¿Cuanta variedad de pescado hay? Rabas, cornalitos… y pará de contar. ¿No puede traer carne? ¿O algún sanguchito de fiambre?... O no sé, ¡una ensalada! Pedazo de puto, algo que no sea tan desagradable. Eso si, este traslado me viene bárbaro, esta oficina nos queda muy chica a los dos.
Mi último día. Cuantos recuerdos. La verdad es que me da un poco de tristeza dejar este lugar. Y eso que estuve tan solo un año. Igual me alcanzó y me sobró para encariñarme con todo alrededor mío. Voy a extrañar al portero, a la secretaria, al chico de la limpieza, al cadete... Sin duda al que más voy a extrañar es a mi compañero de oficina. Al principio pensé que no íbamos a poder trabajar juntos, que no iba a funcionar. No es un tipo que desborde de simpatía, es más bien parco conmigo, quizás tímido. Le vivo contando cosas mías, pero yo de él, sé poco y nada. A pesar de esto, nuestra relación, que es sólo laboral, es muy buena, o más bien excelente. Él fue quien me enseñó todo lo que sé, el que me oriento para poder trabajar acá (cuando entré a este lugar, él ya estaba) y por eso estoy tan agradecido. Ahora me voy, me dan la oportunidad en otro lado que, según los rumores que se escuchan en los pasillos de la empresa, es mejor, es una especie de ascenso lo que me dan. Por un lado me pone contento, pero por el otro, todo lo contrario. Me pone mal, puesto que podría ser él, que en todo caso lo tiene más merecido, el que tenga el cambio o ascenso, como le quieran decir…
Odio sus buenos días amanerados. Me causa repulsión su camisa cremita, y más todavía la chombita rosa. Cuando entró a trabajar acá, pensé que era maricón, y después de un tiempo lo seguí
pensando. Pero cuando creí que era toda una realidad, lo vi en la puerta del edificio con tremenda morocha. Me di cuenta que era sólo afeminado. Pero mucho. ¡AHHH que trolo por dios! A nivel laboral, le tuve que enseñar todo, no sé como lo habrán tomado. Era un inútil con la computadora, (ni Excel ni Word, ni una goma), un desordenado con el archivo (hoy lo sigue siendo), y siempre llegaba tarde. Se llevaba mal con el gerente (para mi por que le gustaba y no le daba bola) y no pegaba una, pobre. Tengo que reconocer que un poco mejoró, pero no para tanto, no para un traslado a las oficinas centrales. Ésto me huele a acomodo. Siempre pensé que este maricón debía tener algún contacto, algún conocido, no hay duda que está arreglado.
Pensar, que desde el lunes próximo ni siquiera voy a estar en el edificio. Es todo un acontecer, me dan ganas de festejar. No tengo nada claro, pero puede haber hasta alguna mejora en mi sueldo. Querría pedirle a mi compañero de almorzar, en todo el largo año nunca lo hicimos juntos. Me da un poco de vergüenza, me va a decir “Ah, claro, ahora que te vas, me pedís de almorzar, antes no”. Hoy traje pescado, no sé si le gusta, pero igual, ¿a quién no le gusta el pescado? Si él no trajo nada podemos compartir…
- Che, ¿comemos algo juntos? Yo bajo a comprar una Coca grande si querés...
No, no le puedo decir que no. ¿Que hago? Voy a tener que bancar sus historias, habla como un loro, o una lora mejor dicho. O no, mejor es una cotorra... ¡Ya sé! Le digo que tengo trabajo atrasado... o que no tengo hambre, que ya comí (que idiota, como no voy a tener hambre si me estoy muriendo, además no le puedo decir que ya comí, si él estuvo toda la mañana al lado mío)
- Bueno, dale. Vos anda a comprar que yo mientras termino lo que estoy haciendo.
Pero, ¿qué me pasa? Pienso algo y hago otra cosa... Esta bien que es su último día, y que no lo podía dejar en banda. No podía ser tan frío y decirle que no, pero no lo soporto. Lo único que me tranquiliza un poco es que no lo veo más, sólo tengo que aguantar esta tarde, y después, desaparece de mi vida. No voy a ver más esa sonrisita, no voy a escuchar más esa vocecita de mariposón, no voy a oler más ese perfumito de mujer que usa... ¡¡¡que felicidad!!! Uh, ahí viene con su paso de diva...
- Voy a calentar la comida. ¿Vos trajiste algo?
- No, nada. Ahora bajo y compro algo en todo caso...
- No, dejá. Compartimos, que traje filete de merluza y un poquito de arroz con atún. Alcanza para los dos.
- (Que asco, ¿no les digo que es un asqueroso comiendo?) Y, no sé. No te quiero (ni ver) dejar sin comida...
- No te preocupes, traje suficiente. A vos te gusta el pescado, ¿no?

¡Que pregunta!... Terminé comiendo la basura que trajo este pibe, y lo peor de todo es que el filete tenía espinas, algo muy desagradable para cualquier persona y más para mí que aborrezco el pescado. Se fue a la tarde, despidiéndose con lágrimas en los ojos, (no puede ser tan maricotas) diciendo lo que se dice en una despedida cursi entre vasos de plástico llenos de gaseosa y santuchitos de miga que compró el gerente.
Al final, almorzamos juntos, los dos lo que traje yo. Me parece que le gustó el pescado. Es muy triste mi situación, llegue a tomarle cariño al lugar, voy a extrañar mucho, me cuestan los cambios y más las despedidas. Pero ya está hecho. Saludé a mi compañero con lágrimas en los ojos, habrá pensado “que tonto que es” y me fui a mi casa, esperando la próxima semana, donde no voy a poder contar más con su compañía, con su ayuda y su amabilidad. Creo, y no exagero, que el fue mi mejor compañero de trabajo, más bien es el mejor del mundo.
No es normal, nada normal. ¿Cuanta variedad de pescado hay? Rabas, cornalitos… y pará de contar. ¿No puede traer carne? ¿O algún sanguchito de fiambre?... O no sé, ¡una ensalada! Pedazo de puto, algo que no sea tan desagradable. Eso si, este traslado me viene bárbaro, esta oficina nos queda muy chica a los dos.Mi último día. Cuantos recuerdos. La verdad es que me da un poco de tristeza dejar este lugar. Y eso que estuve tan solo un año. Igual me alcanzó y me sobró para encariñarme con todo alrededor mío. Voy a extrañar al portero, a la secretaria, al chico de la limpieza, al cadete... Sin duda al que más voy a extrañar es a mi compañero de oficina. Al principio pensé que no íbamos a poder trabajar juntos, que no iba a funcionar. No es un tipo que desborde de simpatía, es más bien parco conmigo, quizás tímido. Le vivo contando cosas mías, pero yo de él, sé poco y nada. A pesar de esto, nuestra relación, que es sólo laboral, es muy buena, o más bien excelente. Él fue quien me enseñó todo lo que sé, el que me oriento para poder trabajar acá (cuando entré a este lugar, él ya estaba) y por eso estoy tan agradecido. Ahora me voy, me dan la oportunidad en otro lado que, según los rumores que se escuchan en los pasillos de la empresa, es mejor, es una especie de ascenso lo que me dan. Por un lado me pone contento, pero por el otro, todo lo contrario. Me pone mal, puesto que podría ser él, que en todo caso lo tiene más merecido, el que tenga el cambio o ascenso, como le quieran decir…
Odio sus buenos días amanerados. Me causa repulsión su camisa cremita, y más todavía la chombita rosa. Cuando entró a trabajar acá, pensé que era maricón, y después de un tiempo lo seguí
pensando. Pero cuando creí que era toda una realidad, lo vi en la puerta del edificio con tremenda morocha. Me di cuenta que era sólo afeminado. Pero mucho. ¡AHHH que trolo por dios! A nivel laboral, le tuve que enseñar todo, no sé como lo habrán tomado. Era un inútil con la computadora, (ni Excel ni Word, ni una goma), un desordenado con el archivo (hoy lo sigue siendo), y siempre llegaba tarde. Se llevaba mal con el gerente (para mi por que le gustaba y no le daba bola) y no pegaba una, pobre. Tengo que reconocer que un poco mejoró, pero no para tanto, no para un traslado a las oficinas centrales. Ésto me huele a acomodo. Siempre pensé que este maricón debía tener algún contacto, algún conocido, no hay duda que está arreglado.Pensar, que desde el lunes próximo ni siquiera voy a estar en el edificio. Es todo un acontecer, me dan ganas de festejar. No tengo nada claro, pero puede haber hasta alguna mejora en mi sueldo. Querría pedirle a mi compañero de almorzar, en todo el largo año nunca lo hicimos juntos. Me da un poco de vergüenza, me va a decir “Ah, claro, ahora que te vas, me pedís de almorzar, antes no”. Hoy traje pescado, no sé si le gusta, pero igual, ¿a quién no le gusta el pescado? Si él no trajo nada podemos compartir…
- Che, ¿comemos algo juntos? Yo bajo a comprar una Coca grande si querés...
No, no le puedo decir que no. ¿Que hago? Voy a tener que bancar sus historias, habla como un loro, o una lora mejor dicho. O no, mejor es una cotorra... ¡Ya sé! Le digo que tengo trabajo atrasado... o que no tengo hambre, que ya comí (que idiota, como no voy a tener hambre si me estoy muriendo, además no le puedo decir que ya comí, si él estuvo toda la mañana al lado mío)
- Bueno, dale. Vos anda a comprar que yo mientras termino lo que estoy haciendo.
Pero, ¿qué me pasa? Pienso algo y hago otra cosa... Esta bien que es su último día, y que no lo podía dejar en banda. No podía ser tan frío y decirle que no, pero no lo soporto. Lo único que me tranquiliza un poco es que no lo veo más, sólo tengo que aguantar esta tarde, y después, desaparece de mi vida. No voy a ver más esa sonrisita, no voy a escuchar más esa vocecita de mariposón, no voy a oler más ese perfumito de mujer que usa... ¡¡¡que felicidad!!! Uh, ahí viene con su paso de diva...
- Voy a calentar la comida. ¿Vos trajiste algo?
- No, nada. Ahora bajo y compro algo en todo caso...
- No, dejá. Compartimos, que traje filete de merluza y un poquito de arroz con atún. Alcanza para los dos.
- (Que asco, ¿no les digo que es un asqueroso comiendo?) Y, no sé. No te quiero (ni ver) dejar sin comida...
- No te preocupes, traje suficiente. A vos te gusta el pescado, ¿no?

¡Que pregunta!... Terminé comiendo la basura que trajo este pibe, y lo peor de todo es que el filete tenía espinas, algo muy desagradable para cualquier persona y más para mí que aborrezco el pescado. Se fue a la tarde, despidiéndose con lágrimas en los ojos, (no puede ser tan maricotas) diciendo lo que se dice en una despedida cursi entre vasos de plástico llenos de gaseosa y santuchitos de miga que compró el gerente.
Al final, almorzamos juntos, los dos lo que traje yo. Me parece que le gustó el pescado. Es muy triste mi situación, llegue a tomarle cariño al lugar, voy a extrañar mucho, me cuestan los cambios y más las despedidas. Pero ya está hecho. Saludé a mi compañero con lágrimas en los ojos, habrá pensado “que tonto que es” y me fui a mi casa, esperando la próxima semana, donde no voy a poder contar más con su compañía, con su ayuda y su amabilidad. Creo, y no exagero, que el fue mi mejor compañero de trabajo, más bien es el mejor del mundo.