martes, 21 de noviembre de 2006

No se...

“Tengo ganas de llorar. Muchas. Pero me las aguanto, me las guardo. Conservo esa energía para otras cosas... como ver televisión o estar sentado mirando una maceta. Pensando bien más que ahorrar fuerzas, me gasto, y me esfuerzo en no lagrimear. Así el simple acto de ir al patio y pisar una hormiga se convierte en un ejercicio importantísimo y frustrante, por que al fin y al cabo parece que no estoy haciendo nada. No voy a pensar en nada más, me contradigo todo el tiempo. Me duermo. Estoy cansado. Me tiro un pedo mientras se me cierran los ojos. Me muevo en la cama con un dolor en la garganta. No puedo tragar, y no me puedo dormir. ¿No estoy cansado? ¿No me esforcé todo el día en tapar mi tristeza?

No se porque corro y me subo a un auto. Creo que puedo reconocer el color, es azul. Giro la llave y el auto ruge, muy de película, ese ruido no puede ser real. "Vení subite que no llegamos" le digo a alguien que se sube en el asiento del acompañante. El auto va tomando velocidad, aprieto el acelerador como si no importara. Tengo miedo, el auto está incontrolable y no lo logro mantener en las curvas. Así y todo sigo acelerando. Me voy contra el cordón y aplasto una señora en una bicicleta. No se que será de ella, yo sigo manejando. Se cruza una mujer y la levanto por el aire, llego a verla caer y golpearse sobre el asfalto por el vidrio de atrás. Mi acompañante se rie, y yo no me preocupo. Solamente me aflige un poco seguir arriba de ese auto.

Todo eso que me guardé, esas lágrimas más que nada, ¿qué hacen? ¿a dónde van? No me hará mal acumular y acumular? Me limpio la baba que me queda pegada en el costado de la boca. La almohada quedo inutilizable, la tiro al piso. Me doy vuelta y me tiro otro pedo. Ahora, pensando un poco mejor ¿Qué sea tan flatulento tendrá que ver con el llanto que me aguanto desde hace tiempo? Todo esto que archivo en el más profundo rincón de mi ser, espero no se reconvierta y resurja con otras formas como ser ganas de sacarme un moco de lo más profundo de mi nariz, o ganas de mirar el nuevo programa de Beto Casella (sin ir más lejos ganas de escribir un Blog). ¿Y si sigo soñando que atropello gente? ¿Algo tiene que ver con algo en esto que estoy escribiendo?
Lo cierto es que la energía no se pierde, se transforma. Esas ganas de llorar para algún lado van a disparar y en algún momento. Mejor llorar entonces. Pero ya no tengo ganas.”