La noche estaba tranquila, no había razones de alterarla, de molestarla, pero a pesar de todo, y de todos, propuso jugar al juego de la copa. Habían estado tomando un poco de vino, y el ambiente era festivo y alegre. Realmente no era el momento adecuado, pero sacó sus tablitas de madera, con sus letras y sus números, de una caja negra de abajo de la cama y las acomodó en el piso, arriba de esa alfombra blanca que decoraba el centro de la sala. Corrió un poco la mesita ratona, y los llamó a todos, los invitó a jugar, para divertirse quizás, inconscientemente y sin saber que era lo que podía pasar. Lentamente y en forma un tanto desconfiada apoyaron suavemente sus dedos sobre el frío cristal de la copa, protagonista en ese momento como nunca. Silencio, luego risas. Silencio y luego risas se alternaban en la sala. Hasta que el ambiente se tornó helado y comenzaron a sentir escalofríos, no todos, sino los que estaban más pendientes del momento. Igualmente no era común que baje la temperatura de tal manera, y fue así que implícitamente trataron de concentrarse un poco más. Fina, reluciente, brillante, en forma hasta segura se podría decir, se empezó a desplazar entonces la copa, cuando todavía no había dejado de sonar la última risa nerviosa.
-Fuiste vos?
-No fuiste vos? -Se acusaron mutuamente algunos de los presentes, mientras otros miraban el mensaje que se les había marcado. El silencio era total, ni siquiera se respiraba en la sala. Nadie se movía, nadie murmuraba, no se miraban entre sí, posaban sus ojos fijos en la maderita del "No", a la cual la copa se había dirigido.
-Y eso qué significa?- se atrevió uno a preguntar.
-No se. - Contestaron. Volvieron cuidadosamente al centro el recipiente y mientras hacían esto cada uno experimento a su manera una mezcla de excitación y mal presentimiento de lo que vendría luego.
-No se por qué se dirigió hacia el no, pero igual la lógica es que hay que preguntar algo, no tiene sentido q...
Y la copa, se dirigió nuevamente hacia el "No". Un silencio total se apoderó de la sala. Sólo se podía oir la aceleración de cada corazón, y por un instante los latidos se tornaron más fuertes que cualquier grito desgarrador posible.
-A quién le está contestando?- preguntaron
El desconcierto era extremo, ya no era casualidad, y si a alguien de los que estaban jugando se le había ocurrido hasta ese momento dudar de alguna presencia, la tablita de madera del "No" se inclinó hacia la copa, hizo un leve movimiento tembloroso, como afirmando el mensaje.
Todos los ojos se abrieron más de lo posible. Los dedos se soltaron del cristal. Algunos sostenían sus manos contra el pecho como si se hubieran lastimado, o quemado. Nuevamente el silencio se ganaba el protagonismo en la sala, y los presentes se miraron asustados unos a otros durante un tiempo largo, sin decir una palabra.
-Viste eso no?
-Espero que no.
-Hay que seguir - dijo el dueño del juego- No podemos dejar esto por la mitad, hay que cerrarlo de alguna manera, lo antes posible.
Ninguno había prestado atención a sus palabras, estaban mirando estupefactos las tablitas de madera. Pero luego de un breve silencio, el dedo de uno de ellos se acercó a la copa, lo que hizo que los demás hicieran lo mismo como hipnotizados, seguros, convencidos, en un acto de solidaridad, o sacrificio ante el momento.
-Hay que preguntar algo- dijeron
-Quién sos?- Se apresuró nervioso uno de ellos.
-No se si quiero saber- se pudo escuchar entre dientes a otro.
La copa se dirigió nuevamente al "No". Se miraron. No entendían lo que les estaban diciendo. Pero instantáneamente se empezó a mover de vuelta, y se detuvo claramente en varias letras. Se desplazaba segura, sin titubeos. Primero pasó por la "N", luego por la "O", rápidamente fue a la "M"... hasta formar la palabra "NOMBRES"
-Nombres? no entiendo
-"No Nombres" fue lo que nos dijo.
-No logro comprender.
-Debe de ser "sin nombres"- dijo el dueño del juego, como si esto lo hubiera ya experimentado. - Se dice que algunas almas no quieren ser identificadas, por que están avergonzados de si mismos y de la vida que llevaron, por remordimiento, o simplemente por que no se conocen a si mismas, se desconocen.- Nadie dijo si, ni no. Nadie le dio importancia.
-Pero no... yo quiero saber quién sos... un nombre, algo. Estás muerto?
-Esa me parece una pregunta obvia.
Pero la copa comenzó nuevamente a contestar. Todos los presentes vieron como se desplazaba nuevamente entre las letras. Fue a la "E", fue a la "S", siguió con la "T"... Mientras cada uno de ellos iba escribiendo mentalmente el mensaje.
-"Estoy acá"? eso no estuvo nada bien- Dijo uno mientras alejaba el dedo de la copa asustado.
-Nadie saque las manos del juego, puede ser peligroso, por favor.-Llegó el reproche del dueño de casa.
-Pero acaba de decir que está acá, con nosotros... eso no me gustó. -Retrucó
-Si, pero es lógico que está acá, sino no estuviera contestando.
-Nosotros tenemos que saber quién sos... insistieron los demás.
-No creo que...
Pero la copa contestaba inmediatamente. La seguridad era increíble. Los dedos casi no tocaban el cristal, y daba la impresión que la copa se movía sola. "No Nombres" volvió a contestar.
-No quiere contestar. - dijo el dueño de casa mirándolos a todos uno por uno. - Pero debés de estar muerto. Cuando fue la fecha de tu muerte, decinos el año.- se dirijió al juego.
La copa se deslizó una vez más por las letras. Formo la palabra "Nunca"
-Esto no puede ser. que significa esto? por que no quiere contestar?- dijeron aflijidos los presentes. El estupor, el miedo, las inseguridades habían quedado de lado, ahora la curiosidad y la exitación jugaban un papel más importante. Entre el murmullo, uno de ellos se paró y habló directo a la mesa donde estaban las maderitas.
-No nos estás diciendo nada, no nos das un sólo dato. Mostrate de alguna forma para ver quien sos, danos una señal...
Y esas últimas palabras sonaron más fuerte de lo que querían. Pareció demasiado. Se apartaron todos de la mesa un poco, y lo miraron como reprochando la actitud. Había estado todo en orden hasta ese momento, ninguno quería llegar a más. Fue un segundo en el que nuevamente la tensión se hacía dueña de la sala. Hasta que, sin manos tocándola, sin dedos que la dirijan, la copa se deslizó nuevamente. Muchos se alejaron más de la mesa. Otros se acercaron para ver que era lo que la movía. Iba decidida buscando las letras. El ambiente se movilizó demasiado, estaban los que se tapaban los ojos y no querían ver, y los que sólo miraban la copa con la boca abierta. Igualmente ninguno se atrevió a salir. Había algo que los ataba, había algo que hacía que ni siquiera se les ocurriese salir de la casa corriendo. La copa señaló una "A", luego una "F"... Hasta formar la palabra "Afuera"
-Quiere que salgamos- Dijo el dueño de casa.
-A donde? Nos va a dar la señal que le exigiste?- La charla era entrecortada, con silencios prolongados entre palabra y palabra. Se miraron. Uno a uno vieron distintos miedos en sus rostros. Sin hablar, sin decir más nada, agachando la cabeza salieron al patio. Todos salieron al patio. Caminaban lento, con angustia en la garganta y se pararon abajo de un techo que tenía la puerta. Era como si los fueran a fusilar. Esperaron cinco. Diez. Quince minutos. Y nada había aparecido, ni un ruido, ni una luz, ni un grito. Nada había pasado. Nada de aquello aterrador que se habían imaginado había pasado.
-Nos vamos para adentro? -Propuso el que estaba más cercano a la puerta y cuando apenas tocó con sus dedos el picaporte, un gato negro saltó al centro del patio. A algunos les pareció que el animal había aparecido de la nada, saliendo de las sombras. Otros más tarde iban a decir que lo vieron saltar de la medianera del vecino.
-Esta es la señal?- dijo el mismo que había hablado hace unos instantes.
Pero ninguno le contestó. El gato se acercó a ellos, dio algunos pasos, lentos, seguros, y se detuvo a metro y medio de donde estaban. Ahí, miró con los ojos bien abiertos a cada uno de ellos. Dirijía su mirada, con ojos encendidos, dedicando unos breves segundos a cada uno. Luego, se dio vuelta y se fue, sin hacer ruido.
Entraron a la casa sin hablar del tema, quitándole importancia. Se sentían aliviados, para ellos no había pasado nada, la señal tan fulminante y mortal que esperaban nunca había sucedido. Hasta habían parecido olvidar que la copa se había movido por sus propios medios. Pero al llegar a la sala, se encontraron con algo fuera de lo común. Las letras del juego estaban desordenadas, la copa estaba tirada y rajada sobre el suelo. La alfombra estaba manchada con vino. En el medio de la alfombra blanca había algunas letras formando una fila. Se dieron cuenta que era una frase. Y estaba formada mitad por maderitas con letras, y mitad con vino, escrito con extraña prolijidad.
Decía: "Quieren saber? Tengo muchos nombres, me llaman de varias formas. Pero lo más importante... Vieron que lindos ojos tengo?"