lunes, 10 de septiembre de 2007

y zas...

...uno se termina dando cuenta que la dentista no era tan encantadora como aquella primera vez, como en aquel primer encuentro donde todo fue dulzura y amor a primera vista, y ya en confianza agarra el torno, el del ruido más tenebroso, finito y perturbador, y termina causando los peores dolores jamás imaginados, de esos que uno nunca penso que podía llegar a tener. No quiero volver más al dentista. Y ahora tengo una muela más grande que la otra...